ALGO MAS SOBRE COMER INSECTOS

Hace poco leí un documento que indicaba que al emperador Moctezuma le gustaba desayunar los huevos frescos de una chinche acuática, el cual vivía en un lago ubicado a varios kilómetros de la capital azteca.

Por ello cada mañana un sirviente corría esa distancia para que los huevos estuvieran a tiempo en la mesa de su amo.

En el otro extremo del planeta al emperador Hirohito tenía como plato preferido arroz mezclado con unas avispas tostadas , las cuales aún se consiguen en los supermercados japoneses.

Moviéndonos al este asiático, los musulmanes autorizan el consumo de langostas.

Aunque ahora muchas personas sienten repulsión por solo pensar llevarse un bicho a la boca, es más fácil pensar que todo el mundo come insectos (aunque la gran mayoría ni se lo imagina)

Pero como todo tiene un límite, la FDA declaró aceptable que haya hasta 59 fragmentos de insectos cada 100 gramos de chocolate; hasta nueve huevos de moscas cada 500 gramos de tomates en lata; una larva de mariposa cada 454 gramos de maíz dulce enlatado o hasta 59 ácaros cada 100 gramos de brócoli congelado (se supone que en ningún producto elaborado con buenas prácticas de manufactura se deberían alcanzar estos valores).

Las razones que llevaron a la imposición de estos límites no son sanitarias, porque los fragmentos de insectos en los alimentos no representan un problema para la salud (excepto para las personas alérgicas). Se trata, en cambio, de una cuestión estética. La FDA cree que abrir un paquete de medio kilo de harina de trigo y encontrar más de 740 fragmentos de insectos es una ofensa para los sentidos de los consumidores. Incluso en Laos, donde el noventa por ciento de la población come insectos, la gente reconoce que no le gusta encontrar fragmentos de estas criaturas en los productos alimenticios convencionales.

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